Un día, iba corriendo por la cuadra de mí casa. Tenía 8 años y el mundo era maravilloso: No existían esas cosas que me atormetan ahora. Mí único capricho sin cumplir era ser adulto, pero me la bancaba porque encontraba felicidad en cualquier cosa, todo el tiempo. De repente, me encuentro con un perro hermoso, grande, pero con cierto parecer de ser un compañero de juego.
El animal estaba situado en medio de mí camino. No hacía nada para correrse del medio, y a medida que me acercaba, me preocupaba en cómo actuar contra esa obstáculo. Si lo saltaba, de lo grande que era, quizás no lo pasaba, me golpeaba, y me ensuciaba la ropa. No quería a mí mamá enojada, no era negocio para mí el hecho de tener una madre molesta, porque, desde que rompí el ventilador (larga historia), no se le iba el enojo tán fácil. Mis tácticas no le afectaban.
Si lo paso por la derecha? Pensaba. Pero está la calle, por ahí pasan los autos, y me puedo lastimar (me han contado historias). Mejor por la izquierda, sí. Voy a hacer eso, porque el perro no se piensa mover de donde está.
Yo continuaba corriendo, acercándome hacia el animal, y pensaba: "no tiene miedo? Yo soy un chico grandote, que lo puede lastimar. Acaso no me tendrá miedo?" Cada centímetro que avanzaba, un sentimiento comenzaba a crecer dentro de mí pecho...
El perro no se movía del camino, de mí camino. Definitivamente, se cree mejor que yo. Piensa que soy un pobre gil que le tiene miedo a un peludo que no le llega ni al pecho. Perro de miércoles!
"Ahora, mí ropa toda sucia. Mí mamá se va a enojar conmigo, y no me va a llevar a los jueguitos" "Yo sólo quería correr hacia la esquina, por qué tuvo que atravesarse ese perro?"
"Bueno, pero ahora no va a molestar más, me imagino". Aseguraba que no iba a meterse en mí camino, nunca más, y, si se portaba bien, lo invitaba a jugar. Los perros son lindos, no ladran, ni me muerden.
"Aprovecho ahora que duerme, y mejor lo corro del camino. Lo tiro a la derecha, así no me molesta más"
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