Noches como ésta, son las que miro por la ventana o observo la nada misma. No es muy difícil, pero creo que necesitamos varios años para poder verla.
Cuando la contemplo (a la nada), me doy cuenta que no sólo soy un diminuto ser en el mundo, universo, lo que sea, sino que me falta algo.
Quizás sea algo del momento, un capricho, no sé. Pero necesito que vos puedas estar a mí lado, o yo estar contigo.
Más allá de los cientos (o miles) de cuestiones que pueden existir, quiero saber que se siente. Me gustaría probar, es decir, probarte.
Hay veces que lo veo tan difícil, pero la nada me dice lo contrario. Ella, lo hace todo más fácil, se olvida de las consecuencias, qué simple, qué divina que es.
Siento, bueno, tantas cosas, y cuando me acerco a la ventana, todo se magnifica, se torna incontrolable. Como el cielo mismo, con la inmensidad de ese manto de estrellas que forman la nada.
Eso, la nada misma, es la que me obliga a que te escriba, a que te declare mí amor, todos mis sentimientos, tan grandes, como la nada misma...