Los domingos son algo muy raro en mí vida. Generalmente, tengo 6 días de obligaciones varias, y tengo que cumplirlas a 1000 por hora. Pero éste día es diferente. Duermo, descanso, hago "nada", y me animo hasta a escribir alguna complicancia.
No me acostumbro a los domingos: No van con mí estilo de vida diario. Creo que me aburre su ritmo, lo poco que me desafía el día.
Lo paso, en su mayoría, durmiendo. Miro algo de automovilismo, fútbol, tenis. Leo algún que otro diario, blog. Me pongo al día con una tarea, con la familia, amigos(?), conmigo mismo. Todo, a un ritmo lento, casi inaguantable para una parte mí ser.
Entonces, todo resulta ser casi "molesto" en la mayoría del día. No me siento totalmente a gusto, creo que no disfruto a pleno esas cosas que me hacen bien.
Me parece, y estoy casi seguro, que soy hijo del rigor. No puedo con mí tiempo libre, busco algo que hacer y lo llevo más allá: Me comprometo. Lo peor de todo, es que me quejo, empiezo a contarle al mundo lo muy atareado que me encuentro y de lo cansado que estoy. Pero eso es otro tema que después profundizaré.
La cuestión, y lo más gracioso de todo, es que tipo 10 u once de la noche me "apachurro", el día me gana y me convierte en un vago más.
El domingo pasa a ser un día necesario y ruego por que haya varios de este tipo. Pero ya comienza el lunes y tengo que levantarme temprano, comezar mí semana, esa, llena de compromisos y obligaciones...
Pucha, debería aprovechar mejor los domingos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario