martes, 7 de diciembre de 2010

Cartas

No sé cuántas veces habré lastimado a una persona. Tanto física, como emocionalmente. Pero nunca lo lamenté y, menos, me arrepentí.
Siempre hubieron causas, más que suficientes, a la hora de realizar ese "daño". Seguro que algún insulto, algún golpe (nunca pegué primero), o alguna conducta artera, fueron las causas principales.
Pero encontré una carta. En realidad, varias. En ellas, se encuetran las palabras que una persona supo escribir cuando pensaba en mí.
No sé cómo describirlo: Me invadió un ataque de tristeza al no tenerla más cerca. Comenzé a extrañar su compañía; besos; caricias; días, tardes y noches a su lado.
Pensé en el tiempo que estuvimos juntos: Difícil de cuantificar una relación donde el amor sea la principal causa.
Tuvimos peleas, como todo el mundo que se ama, pero se resolvían rápido. Nos dolía tanto la distancia, y siempre nos recordábamos que no teníamos mucho tiempo para vernos (obligaciones, dicen), entonces, no podíamos darnos ese "lujo" que algunos saben darse.
Nuestros futuros eran compatibles, cercanos, y casi concretos. Parecía que nada nos podía detener.
Pero la dejé. No había necesidad de continuar con una situación así, esa, la "difícil de explicar". Recuerdo que no me dolió mucho, y traté de borrarla inmediatamente de mí mente. Tenía que dejarla atrás, muy atrás.
Ahora me encuentro con las cartas que me escribiste, esas, que suenan a perfección cuando uno las lee. Levanto la mirada, y te veo, en el parque, con los ojos llenos de lágrimas. No querías que se termine, pero yo no quería más nada de vos.
Pienso en lo frío que fuí. No se me movió un pelo al decirte las barbaridades que me salieron sin pensarlo, ni siquiera, un segundo.
Todavía no puedo creer cómo lo logré. Ahora me observo débil, sin defensas frente a las hojas que vos escribiste. Quisiera llamarte, pedirte perdón, volver a ser lo que fue... esa "perfección".
Pero ahora recuerdo la razón por la que no tiré esas cartas. Éstas me ayudan a comprender que no todo lo que te dicen en verdad, o que nada dura para siempre. Vos, al menos, no recordaste las cosas que sentías cuando besaste a otro, arruinando la confianza, tirando a la borda el futuro.
Es cierto que no me arrepiento del "daño" que le hice a los demás, nunca debí dudar de mí ser.

No hay comentarios:

Publicar un comentario