Una vez, cuando estaba en el secundario, no dejaba de asombrarme con la responsabilidad de una compañera. Siempre estudiando, con los trabajos al día, con el promedio perfecto, tan distante, y diferente del resto.
No podía dejar de sentir pena por ella, y envidia a la vez. Obvio, siempre fuí competitivo, y nunca la pasaba. Era un cómodo segundo, pero felíz, porque tenía mis límites escolares.
No recuerdo el porqué de mí pensamiento (dudo que tanta sabiduría se origine en mí tan pronto), ya que, señalándola, le decía a mis compañeros: "Una cosa es ser inteligente, otra diferente, es saber".
Resguardada, sin revelar el secreto que poseía, parecía de otro planeta. Nadie la quería. Una pena. Intentabas hablar con ella, y todo era difícil. Siempre había secretos, misterios. Te cansabas, y preferías gastar la energía en otra cosa.
Un día, llegó el acto de colación. Le dieron la medalla al mérito, mientras yo dí el discurso que representaba al turno mañana de la divisional. Nunca dejé de decirme lo mismo, aunque apostaba a lo lejos que iba a llegar en la vida.
Mí presente es complejo: soy periodista deportivo, y busco ser alguien mediante la carrera en Economía. Tengo un puesto en comercio exterior, dentro de un importante laboratorio. Me he ido a Brazil, tengo un auto. Salgo, disfruto. Me endeudo como el mejor (o peor), pero me doy gustos. Tengo más, pero, voy a hablar de mí vida exterior.
La semana pasada me enteré de algo increíble, cuando estuve en Córdoba, me dijeron que vaya a una panadería no muy lejos de donde paraba. Que fuera a la mañana, porque a la tarde (a veces) no está.
Tengo que confesar que parte de mí vida, tomó otro significado cuando la ví. Ella, la mismísima señorita promedio perfecto, despachando pan. La chica de la que yo esperaba un futuro muy brillante, con un uniforme desgastado, en una panadería mediocre.
Por un momento, me dije: "qué queda para nosotros?" Ya que era lo mejor que teníamos. Al menos, lo que marcaban los resultados. Qué puedo pretender yo, si ella....pero no... ya está. Se me vino la frase a mí mente, cual golpe en la nuca, que despierta a más de uno, cuando se dispersa. "Una cosa es ser inteligente, otra diferente, es saber", me dije. Observé que ella no levantaba la cabeza (seguro me reconoció), y procedi a comprar algo lejos de su persona. No había lugar para hacer otra cosa.
Ojalá pueda ser como Steve Jobs, e inventar algo fabuloso, pero me alegra saber que no estuve tan equivocado en un principio.
Esta historia puede ser muchas cosas, y quizás tengan razón. Pero, siempre hay un mensaje más allá de todo. No sean como ella, ni como yo. Es mejor, ser como les parezca.
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